Es un animal bello y majestuoso que rara vez nos deja indiferentes. Es un ser excepcional. Vive en el aquí y ahora, no tiene ninguna agenda oculta, vive su puesto dentro de la manada (que puede cambiar con los años) con la menos agresividad posible. Es extremadamente perceptivo, respetuoso y sensible y además, tiene la gran habilidad de hacernos de espejo: tal y como tu eres con un caballo refleja como tu eres en tu vida y en tus relaciones.
La mentira es un rasgo exclusivamente humano. Un caballo reconoce la incongruencia entre las emociones y el comportamiento. Lee nuestro lenguaje no-verbal y actúa acorde con éste.
Los caballos en libertad viven en manadas bastante reducidas. Funcionan como un equipo con un buen líder. El líder suele ser la yegua más veterana que por su experiencia y sabiduría es la que siguen todos los demás porque saben que su juicio es correcto y siempre está en pro de la seguridad de la manada. Su liderazgo es pasivo. En contra de lo que es la creencia popular, el caballo “mandón” que empuja a los demás y es incluso agresivo no es seguido voluntariamente por los demás.
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