“Dime y olvidaré. Muéstrame y puede que lo recuerde. Involúcrame y entenderé!” Confucio, 450 a.C.
La educación emocional, también llamada alfabetización emocional, es aprender a utilizar nuestra inteligencia emocional. Cuando aprendemos a reconocer nuestras emociones, y las de los demás, se nos abre una vía para el crecimiento personal que nos permite mejorar nuestras relaciones y habilidades sociales.
Lejos de los tests de CI (Cociente Intelectual) que "miden" la inteligencia, la investigación sobre la inteligencia emocional aportó a finales del siglo XX y a comienzos del XI la posibilidad de reconocer talentos e inteligencias que antes se pasaban por alto. Pioneros en este campo, como Gardner y Goleman, han abierto las puertas a un nuevo entendimiento de lo que es la inteligencia.
Los caballos, por naturaleza, son unos grandes educadores emocionales. Dado que su supervivencia depende de estar alertas a las sutilezas de su entorno, captan nuestro nivel energético, incluso estando a una gran distancia.
El caballo funciona como un inmenso receptor y amplificador de emociones e intenciones. Por esto, su feedback ante nuestro estado emocional es inmediato. Esto nos brinda una oportunidad única de ver que comportamiento emocional tenemos y encontrar las herramientas necesarias para modificarlo. Nuestra actitud ante hechos que ocurren en nuestra vida determina el desenlace de dichos acontecimientos. Gestionar nuestras emociones adecuadamente puede tener repercusiones altamente satisfactorias para nuestra vida.
Los que trabajan con caballos, o comparten su vida con ellos, como yo, sabemos los profundos cambios que hemos hecho a nivel emocional para conseguir comunicar y conectar con estos maravillosos seres. Todos los caballos que se han cruzado en mi vida me han enseñado algo; algunos más que ortos, seguramente debido a mi estado de atención y escucha en el momento de compartir mi vida con ellos. Pero hay un hilo conductor en todas sus enseñanzas: la honestidad con uno mismo, la intención, la humildad, el presente, la gestión emocional.
Debo agradecer a cada uno de ellos la educación emocional que me han dado, que he podido aplicar en mi vida y que me ha llevado a esta profesión.
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